Es un tú quien está en ti. Un tú distinto a ti, pero que depende de ti para su desarrollo. Un tú único e irrepetible, distinto de ti desde el momento de la fecundación. Un ser humano con genoma propio desde el primer momento, cuyo corazón ya late 65 veces por minuto en la semana 4, cuyo cerebro comienza a formarse en la semana 5, cuyos ojos se atisban ya en la semana 8 y que empieza a tener pelo en la semana 14. En definitiva, lo que hay en ti es un ser humano porque es un cuerpo humano vivo.
Para los creyentes, la vida es un don de Dios y la fe permite defenderla de una manera muy cualificada, pero la inviolabilidad de la vida humana inocente desde su inicio hasta su término debe ser defendido también desde el patrimonio común de la razón.
Existe sobrada evidencia científica de que una vida humana nueva empieza en el momento de la fecundación. Desde ese instante, es un tú quien está en ti. ES UN TÚ EN TI. En este Manifiesto, firmado por más de 2000 científicos, puedes encontrar la información detallada sobre el comienzo de la vida humana.
Manifiesto Madrid
Es una buena pregunta a la que no se le da respuesta. No sabemos por qué se fragmenta el tiempo de la gestación, por ejemplo, en tres períodos distintos como hace la nueva ley del aborto aprobada en España. No hay razón suficiente para que se conciba “un tipo de ser humano” que merece trato distinto hasta la semana 14, “otro” entre la 14 y la 22, y “otro” a partir de la 22.
La inclusión del aborto entre los medios supuestamente necesarios para cuidar la salud es de por sí una grave falsedad. El acto médico se dirige a prevenir la enfermedad o a curarla. ¿El embarazo es una enfermedad? ¿Qué se cura cuando alguien aborta?
Oímos hablar a menudo a los defensores del aborto del “derecho a la maternidad libremente decidida”, pero por desgracia esta expresión para ellos no significa que toda mujer tiene derecho a elegir si quiere o no quiere ser madre; lo que quieren decir es que, cuando la mujer ya sea madre, se le otorgue el derecho a eliminar a su hijo concebido.
Uno de los grandes ausentes del debate social, y también de la legislación sobre el aborto, es el padre del nuevo ser humano. Al padre ni se le exigen responsabilidades ni se le reconocen derechos. No se le tiene en cuenta. Con la mera decisión, unilateral, de la gestante basta para anular el derecho a la vida del que va a nacer.
Otra de las grandes mentiras que se nos intentan transmitir es que nuestros actos no tienen ninguna consecuencia. Pero esto que, con carácter general, es falso, adquiere un dramatismo particular en el caso del aborto donde se elimina la vida de un ser humano indefenso y, con frecuencia, se silencian las graves consecuencias psicológicas y morales que tiene para las mujeres que abortan. Son muchísimas mujeres en todo el mundo las que pueden dar testimonio de cómo, pretendiendo “solucionar un problema”, han causado uno mayor, quitando la vida a su hijo y destrozando la suya propia.
A la mujer que se acerca con dudas, la nueva ley del aborto le ofrece un sobre cerrado que podrá leer en un plazo máximo de tres días. Sin embargo, la gran cantidad de personas que trabajan a diario a favor de la vida saben hasta qué punto ésa no puede ser la respuesta. A las gestantes en dificultades hay que ofrecerles la acogida de un corazón abierto, el consuelo para sanar sus heridas y la ayuda real que no las deje solas en una situación tan complicada.
Es una alegría el testimonio de tantas madres y padres que, gracias a la ayuda recibida, han decidido por fin acoger a sus hijos, reconociendo en ellos un don que trae sentido a sus vidas.
Donde existe un cuerpo humano vivo, aunque sea incipiente, hay un ser humano y una dignidad humana inviolable. Desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece protección. Es un tú en ti. Su vida está en tus manos.